Previamente: Alex miró fijamente a los grises y macabros ojos de su antiguo jefe Alfred, quien ahora la cazaba lentamente para hacer de su delicada y cálida piel su próxima comida. La lentitud del caminar de aquel cadáver le permitió escapar a un pequeño techo encima del laboratorio al que alguna vez consideró como su segunda casa. El cuerpo de él, cansado, lastimado y contra toda su voluntad se desvaneció en un profundo sueño, que podría significar que dejase la raza humana y se convirtiera en un recluta más de los no vivos. Poco antes, había logrado empujar a un cadáver femenino que le perseguía, la mujer cayó al menos 5 metros hacia el suelo, sólo para levantarse de un charco de sangre y arrastrarse hacia el nuevamente. Se hundió en el profundo sueño en un pequeño techo adentro de una compañía biotecnológica…
Mientras abría lentamente los ojos, Alex podía oler y saborear la comida parcialmente digerida que había evacuado su cuerpo pocas horas antes. Había una luz fría y azul que entraba a la fábrica mediante algunas ventanas pequeñas y ventilas en el techo, la cual indicaba que ya no era ayer. ¡Mierda! ¡¿Dónde estoy?! Interrumpió rápidamente su cerebro, haciéndola pararse en un brinco súbito, pero su flujo sanguíneo ahora alentado por la falta de movimiento la hizo caer de rodillas nuevamente. Intentó la proeza nuevamente, de manera lenta para permitir que su cuerpo se ajustase a la nueva postura. Esta vez logró mantenerse de pie, no obstante, su cabeza giró descontroladamente por algunos instantes mientras sus ojos se ajustaron nuevamente. Al terminar el ajuste corporal, sus ojos se enfocaron rápidamente a través de la suave luz del nuevo día y se detuvieron en una figura que descansaba recargada en la pared al otro lado del pequeño techo…una figura humana. ¡Mierda! ¡Mierda! ¡MIERDA! Su malestar físico fue pronto rebasado por una explosión de adrenalina que una vez más recorría su cuerpo.
En un segundo, su cerebro exploró y descartó decenas de escenarios y rutas de escape diferentes, de entre las cuales destacó como primera opción el descender por uno de los birreactores aledaños y huir lo más pronto posible. Se acercó a la orilla del pequeño techo en dónde una grotesca escena hizo que aquel plan de escape cambiara abruptamente. Unos cuatro o cinco metros abajo, Alfred le pegaba a la pared continua y pacientemente con las palmas de su mano, casi como si estuviese tocando una puerta. Detrás de él, en las escaleras metálicas que llevaban a los reactores, una mujer con la cabeza abierta grotescamente y una pierna en una posición que no podía ser natural, intentaba subir los últimos escalones tercamente. El rastro de sangre ahora coagulándose que predecía a la mujer logró que Alex casi vomitara, sonido que llamó la atención de los horrendos individuos que se encontraban debajo. La mujer dejó de arrastrarse momentáneamente, extendió un brazo en dirección a Alex y liberó un extraño gruñido hacia ella. Los ojos grises y no vivos de aquella mujer, eran casi idénticos a los que había visto en Alfred el día anterior. Es…esa…esa es Paula, que chin…que chingados, ¡ESTÁ MUERTA!, ¡MIERDA!, se dijo silenciosamente a sí misma.
Se alejó lentamente de aquella orilla, aun procesando la escena tan grotesca que acababa de observar y considerando nuevas opciones para su supervivencia. El segundo escenario que había propuesto su cerebro, era de bajar por la pequeña escalera que llevaba de regreso al laboratorio por donde había entrado, desbloquearla y correr sin detenerse. Abrió la pequeña portezuela que llevaba a la estrecha escalera y se detuvo algunos instantes en la entrada para que sus ojos se ajustasen a la penumbra del pequeño cuarto. En cuanto sus pupilas lograron dilatarse y sus ojos se ajustaron a la oscuridad, comenzó a bajar la escalera cuidadosamente mientras apretaba el barandal en sus manos con fuerza innecesaria. Llegó al final de la escalera en dónde el gabinete metálico aun intacto sellaba la puerta. Mientras intentaba tomar una de las esquinas de aquel pesado mueble, escuchó un golpe sordo y el inconfundible sonido que hace el cristal al caer al piso del otro lado de la puerta. ¡Denme un puto descanso por favor! Aquí voy a morir, AQUÍ VOY A MORIR… ¿Qué chingados está pasando? Se susurró exasperadamente mientras algunas lágrimas comenzaban a recorrer sus mejillas.
En la casi completa penumbra, se sentó un momento en el suelo, abrazando sus rodillas mientras sollozaba desesperadamente, el mejor de sus planes de escape había sido frustrado y la posibilidad de alguno de esos monstruos vagando al otro lado de la puerta hicieron que su esperanza se esfumase casi por completo. Sus lágrimas comenzaban a mojar sus pantalones, ahora rotos y sucios, cuando escuchó otro ruido sordo, pero esta vez venía del pequeño techo encima. Pánico y horror se apoderaron prontamente de ella, sus ojos se abrieron por completo y sus lágrimas cesaron de golpe. Ahora era obvio que el…lo que sea que estaba allá arriba no sólo estaba vivo, si no ahora se movía, estaba rodeada. Su única opción sería tener un enfrentamiento, luchar, intentó enfocar su vista en las pequeñas ventanas del gabinete de metal para intentar visualizar alguna herramienta que pudiera causar daño. La tenue luz que se asomaba a través de la portezuela encima se reflejó vagamente en el filo de un hacha para incendios que aún colgaba pulcramente dentro del gabinete. La puerta de metal liberó un ligero chirrido mientras Alex la abría lentamente para liberar el arma.
Silenciosamente retiró el hacha de su gancho y la colocó en el piso a su costado, usando las dos manos y con la ayuda de la gravedad cerró la puerta lentamente para evitar ruidos que pudiesen delatar su ubicación. Inmediatamente se levantó jalando el mango de madera con ella, la cabeza de metal de su nueva arma rechinó ligeramente contra el suelo, provocando el característico sonido popularizado por las películas de terror de Hollywood. Pasaron algunos minutos mientras Alex enfocaba su mente, después de los cuales estaba decidido, la mejor opción sería subir, dónde estaba segura había una sola silueta, había luz y espacio suficiente para mantener la distancia entre ella y su enemigo de ser requerido. Su pie derecho se detuvo en el último escalón justo detrás de la portezuela del pequeño techo, estaba ahora convencida de que tenía que atacar primero, un poco de ira la ayudó a concentrarse y disminuir el miedo que ahora recorría su cuerpo, sus manos apretaban fuertemente el mango de madera. En su segundo suspiro profundo, irrumpió el pequeño techo apretando el hacha tan fuerte que por un momento sintió que sería posible romper la madera. Estaba lista para atacar.
Aaaaahhhhh mierda, arghhhhh, ¡MIERDA! Dijo bruscamente en cuanto despertó, su brazo izquierdo, aún amarrado firmemente a su hombro con el cinturón punzó en un dolor profundo, seguido por los pequeños pero numerosos cortes que ahora picaban como hormigas a lo largo de su cuerpo. El dolor era insoportable, pero al menos era una señal de que estaba vivo, nunca en su vida había sentido un dolor que se sintiese tan horriblemente bien. Estoy vivo, ¡ESTOY PINCHES VIVO! se dijo a sí mismo. Recargó su cabeza nuevamente en la pared y por un breve instante disfrutó la aguda y eléctrica sensación de dolor que recorría su cuerpo. Empujó su espalda contra la pared y con su único brazo útil intentó levantarse, sólo para caer en el concentro nuevamente con un fuerte ruido sordo. Las costillas de su lado derecho explotaron de dolor durante el primer movimiento, impidieron que pudiese levantarse completamente y le forzaron a tragar aire de manera desesperada. En un instante y de la nada, una mujer joven apareció de a través de una oxidada portezuela que residía algunos metros a su izquierda. Su ausencia de aire, sumada al profundo dolor en las costillas le prohibieron de hablar y mucho menos gritar, únicamente permitiendo que liberase un profundo quejido. Alex liberó un grito agudo y penetrante, algo que asemejaría fácilmente a un grito de batalla mientras sus músculos se preparaban para empuñar el hacha lo más fuerte posible. El quejido que había salido de la boca de aquel hombre sólo confirmó que el cabrón era definitivamente un nuevo enemigo. Sus brazos impulsaron el arma hacia enfrente con una trayectoria perfecta a la cabeza, era el golpe perfecto…

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